Para empezar con el suelo trataremos varios aspectos importantes:
* Un aspecto Químico, donde jugaría un papel fundamental el
fertilizante “químico” (no orgánico) que le estamos
agregando, con el fin de “nutrir” nuestras plantas
* Un aspecto Físico, es decir, aquellos procesos y
propiedades que tienen que ver con el tipo de materiales y su
porosidad; propiedad que se vería reflejada en, por ejemplo, la
“capacidad de asimilar y retener” agua (y nutrientes) y
su posterior “movimiento”, así como permitir un buen
crecimiento radicular, evitando entonces la asfixia o falta de
balance apropiado entre oxígeno y dióxido de carbono.
* Otro sería, la propiedad de retener nutrientes, de modo que
puedan ser incorporados “en tiempo y forma” a las
plantas en el normal crecimiento y desarrollo, ya sea de su
sistema radicular como aéreo.
* Finalmetente el aspecto Biológico, o sea “la vida
misma” que debería existir aunque sea dentro de una
pequeña maceta; esto comprende la verdadera riqueza nutricional
puesto que, es ella misma la principal responsable de tales
efectos y otros tantos relacionados con cada uno de los puntos
anteriores.
Generalmente cuando imaginamos al suelo – sustrato,
“lo pensamos” entonces como una fuente de nutrientes
(alimento para nuestras plantas) “casi inagotable”;
pero también sabemos al pensar un poco sobre el tema y sin haber
cursado una carrera afín, que esa capacidad de brindar elementos
necesarios para el crecimiento y desarrollo de los vegetales
“es limitado”; más aún si se trata de una maceta con
una importante planta, por su tamaño (lo que implica también
una importante demanda – extracción), y que presenta una
coloración (ese suelo o sustrato) “sospechosamente”
más clara que de costumbre. Ello es señal evidente que, por
sobre todo, con los sucesivos y a veces “excesivos”
riegos, se fue terminando con el contenido de Materia Orgánica,
sumado a la extracción (de nutrimentos) antes mencionada. Y con
esto no se vaya a interpretar que no debemos regar y/o bien,
regar en menor medida. En rigor de verdad cada especie, conforme
a su tamaño (edad o estado fenológico), tiene una exigencia
hídrica (cantidad de agua necesaria); pero la misma también
está en función del tipo de suelo – sustrato que se tenga
y el ambiente donde se encuentre; el hecho de contar con
materiales más porosos o sueltos, hace que se pierda más
cantidad de agua y como consecuencia se retenga menos; por lo
tanto en esos casos es conveniente regar con menor cantidad de
agua pero “más seguido” (disminuir la cantidad y
aumentar la frecuencia). Así además estamos contribuyendo a
“mantener o conservar” esa riqueza que representa la
Materia Orgánica. Pero como decíamos anteriormente, “esa
riqueza no es ilimitada” y por lo tanto tenemos que recurrir
al aporte de abonos y/o fertilizantes, pero siendo conscientes
que la falta de MO en tal caso nos va a jugar una mala pasada;
aún utilizando productos (fertilizantes y/o abonos) de primera
línea y mucho más, si tenemos por costumbre regar en exceso.
Tenemos que ver que la Materia Orgánica esta actuando en
todos los aspectos que terminan por dar el sostén adecuado a
nuestros cultivos, lo que se traducirá en un buen crecimiento y
desarrollo en las plantas, y la consiguiente satisfacción
personal.
Existen en nuestro mercado no pocos productos que estimulan la
formación y conservación de Materia Orgánica. Los hay sólidos
y líquidos. Los primeros tendrán una respuesta más lenta pero
tal vez “mantenida” en el tiempo; los segundos tendrán
una respuesta más rápida, aún utilizados en dosis bajas.
Copyright © por . Todos los Derechos Reservados.